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Sumando experiencias, fortaleciendo propuestas

Si nos preguntaran qué está pasando hoy con el concepto y las prácticas de la RSE-I, el título de esta Editorial resumiría el estado actual de la misma. Durante el último tiempo, hemos podido ver cómo se han multiplicado las iniciativas de las empresas a favor de la infancia y cómo éstas intervenciones se fortalecen y adquieren un carácter más integral.

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Cuando en 2006 comenzamos a desarrollar la iniciativa “Empresas por la Infancia”, sosteníamos que las empresas debían involucrarse en la efectivización de los derechos de los niños y las niñas. En este sentido, sostenemos entonces, la promoción de una mirada de la RSE-I que la dota de una significación particular en la cual una empresa, de manera ética y responsable, puede adoptar la perspectiva de los derechos del niño en la gestión con todos sus públicos de interés, procurando la promoción y efectivización de tales derechos.

Desde esta perspectiva, las distintas áreas que conforman la compañía estarían involucradas en el trabajo por los derechos de los niños en un proceso que implicarían mirarse hacia dentro en cada una de las operaciones propias que la empresa realiza y, hacia el afuera, interactuando con otras instituciones que trabajan a favor no sólo de los niños y niñas sino también de sus derechos.

En una sociedad fragmentada, es difícil encontrar puntos o espacios en torno a los cuales trabajar juntos. La infancia tiene esa “potencialidad”, y en este sentido es un lugar de encuentro, desde donde se puede recrear este “nuevo espacio de lo público” como responsabilidad de todos. El desarrollo infantil significa mucho más que crecer: el proceso de desarrollo adquiere desde su inicio un carácter social, cultural, político, económico y ambiental. Las características de ese proceso dependen no sólo de las familias, sino también de las intervenciones que realice el Estado a través de sus instituciones, de la participación comunitaria a través de sus organizaciones y de una presencia activa de las organizaciones no gubernamentales y del mundo empresario en la colocación y jerarquización de esta temática en la agenda pública y en la implementación de líneas de trabajo articuladas.

La infancia compromete a los diferentes actores sociales a trabajar en conjunto por una sociedad con mayores oportunidades, porque justamente es ésta su gran oportunidad de transformarse a sí misma, y es bajo este convencimiento que se debe encarar este desafío. Y este compromiso debe ser sostenido en valores sólidos y perdurables, no tan sólo guiados por criterios de oportunidad.

Hoy, encontramos una multiplicación de prácticas empresarias sobre el tema que nos ubican en una plataforma distinta y ameritan un ejercicio en distintas direcciones. Una de ellas es aquella que implique continuar en la movilización en el sector empresario para que se produzcan nuevas prácticas, esto es más empresas realizando iniciativas por los derechos de los niños/as. Así, se generaría una masa crítica de empresas y prácticas que podrían contagiar a sus pares.

Otra dirección implicaría el fortalecimiento de las prácticas y experiencias que se están desarrollando. Este fortalecimiento pasaría por darle mayor sistematicidad e institucionalidad a dichas iniciativas. Sistematicidad que implica sostenerlas en el tiempo; adoptar criterios de profesionalidad; evaluar resultados e impactos y dotarlas de mayor institucionalidad. Este escenario nos llevaría a construir otros nuevos instituidos en las propias empresas; nuevos modos de gestión que no dependan de una u otra persona o de una u otra área de la empresa, sino que formen parte de la propia esencia de la organización.

También en el marco del fortalecimiento de estas prácticas y experiencias, es indispensable que se piensen desde la perspectiva de derechos, de manera integral y relacional. Al intervenir en una temática determinada es necesario contar con información sobre el estado de situación del tema sobre la que se va a trabajar; tener claridad qué otros actores intervienen sobre el tema; qué proyectos se están llevando adelante, qué públicos están siendo abordados, qué resultados se obtienen de esas intervenciones, etc.

Trabajar desde la perspectiva de derechos implica pensarse en el marco de un sistema de protección integral de los mismos. No importa la envergadura de la iniciativa que se desarrolla, debe tenerse en cuenta que no se trabaja aisladamente, sino en simultáneo con otras iniciativas (aunque no las conozcamos). Entonces cuando hablamos de “Sistemas”, la clave pasa por la integración: integración de dispositivos, componentes, módulos, instancias, niveles, subsistemas, etc. que interactúan entre sí y se interrelacionan. Como resultado de las interacciones, surgen propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de las propiedades de los elementos aislados. Un sistema de protección integral está conformado por todos aquellos organismos, entidades y servicios que diseñan, planifican, coordinan, orientan, ejecutan y supervisan las políticas públicas, en todas las instancias: nacional, provincial y municipal, que están destinados a la promoción, prevención, asistencia, protección, resguardo y reestablecimiento de los derechos de niños, niñas y adolescentes y, fundamentalmente, por sus interrelaciones. Las prácticas que las empresas promuevan deben pensarse en esta integralidad sistémica lo que nos indicaría, efectivamente, su fortalecimiento.

Fundación Arcor

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  • Gaby Rodriguez Alvarez:

    Sus perspectivas y planteamientos son ideales, los ansiamos todos, pero me gustaría saber concretamente si ya existen algunos resultados

    04/11/2011 | 12:30 am

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