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EDITORIAL
En momentos de crisis, se suele escuchar que los compromisos están a prueba. Sin embargo, ciertas responsabilidades que asumimos como empresas, como organizaciones, como ciudadanos, devienen de causas; constituyen principios y por eso son superadores de épocas, inclusive las más difíciles; e independientes de factores externos.
Los compromisos con causas, como es en este caso la Infancia, no se extinguen ni se devalúan. Por el contrario, son “presente permanente” y, lejos de opacarse, en épocas de crisis recobran mayor vigor.
¿Cómo hacer entonces para mantener y fortalecer nuestro compromiso con la Infancia “a pesar de”? La acción, la participación, la innovación y el trabajo en red parecieran ser claves en este sentido como la apertura al cambio y a nuevos aprendizajes, y estar atentos a las necesidades y oportunidades.
Adversidades, Nuevos Aprendizajes
Creemos que los momentos adversos -a los que las organizaciones de la sociedad civil se enfrentan cotidianamente- son instancias propicias para estimular la creatividad, fortalecer la confianza, el sentido de pertenencia y los vínculos establecidos en la comunidad.
De ejercitarnos en el sentido de conveniencia (coincidir tiempo y forma) y de innovar también en la gestión. De ensayar formas diversas de acercarnos a las necesidades y problemáticas de la Infancia. De trabajar acerca de nuevos modos de contribuir. De agudizar la mirada de la realidad. De escuchar y de tener voz. De reflexionar y de actuar. De convertir los interrogantes que dispara esta crisis en motores de búsqueda de respuestas. De poner en la mesa todo el abanico de insumos que implica una inversión social privada: tiempo, capacidades, contactos, recursos financieros, materiales, entre otros.
Las crisis despiertan voluntades, acrecientan la sensibilidad por los problemas del otro y predisponen una mayor movilización social. Y desde la inversión social, estos aspectos pueden ser considerados también como oportunidades para el bien común. Potenciar la capacidad de articularnos. Aprovechar más y mejor los espacios de cooperación mutua disponibles. Optimizar canales y apostar al voluntariado corporativo, al trabajo en red de manera de recobrar fuerzas, compartir ideas, dudas e inquietudes, socializar información, conocimientos y herramientas de trabajo.
Una responsabilidad constructiva y colectiva
Involucrarse como empresa por la Infancia requiere en el marco de esta posición superadora ante lo adverso y atenta a las necesidades y oportunidades, también de una actitud constructiva y colectiva. Constructiva porque no se agota en adherir a ciertos principios, comprende dar unos pasos más: asumir un rol activo, protagónico en la promoción de la Infancia. Pasar de espectadores a actores. De mirar a otros, a reconocernos en esos otros como actores fundamentales en la protección de los derechos de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
Involucrarse como empresa por la Infancia es un compromiso colectivo: implica un nosotros y junto a otros. Un compromiso que cobra sentido solo, y sólo sí se involucra en todo momento y decisión a la Infancia.
Verónica Aftalión
Directora Ejecutiva
Fundación C&A
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