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EDITORIAL
Hablar de derechos nos lleva siempre al imaginario de buscar entender las condiciones de realización, de satisfacción de necesidades, de despliegue de capacidades y de la realización de la persona humana como fin de la sociedad, en condiciones de igualdad, libertad y justicia dentro de ella. Pues bien, es importante a ello añadir el análisis y compresión de la diferencia e igualdad entre varones y mujeres, tanto biológicas y sociales, que marcaran las tendencias en los diversos niveles del tejido social.
Dentro de la realidad los diversos actores, sujetos, organizaciones e instituciones apuntan a contribuir a la vigencia y respeto de los derechos humanos de las personas. Sin embargo, ello aún está en camino a cristalizarse, merced a las condiciones de desigualdad e injusticia que afecta a diferentes sectores y grupos de la sociedad. Uno de los grupos mas afectados históricamente son las mujeres en su conjunto, tanto en las diferentes etapas de su vida sea desde niñas, adolescentes, jóvenes y adultas, así como en los diversos ámbitos donde se desempeñan desde hijas, parejas, concubinas, trabajadoras, lideres, madres, entre otros.
Es importante indicar que las condiciones de desigualdad que afectan a la mujer en su desarrollo son visibles, en mayor o en menor proporción, tanto en los países llamados del “primer mundo” como en los “periféricos”, sea en los ámbitos de la vida cotidiana como es la unidad doméstica donde asumen el rol de jefa del hogar, en los ámbitos laborales donde se enfrentan a la desigualdad salarial y de valoración social, así como los diversos estereotipos y condiciones laborales a las que son sometidas.
Si revisamos históricamente podremos entender el papel trascendental de la mujer, tanto adultas, jóvenes y niñas–niños que sostuvieron dentro de la revolución industrial y en los procesos de urbanización. Por otro lado, si analizamos el respeto de sus derechos civiles y políticos encontraremos que han sido recientemente reconocidos a la mitad del siglo pasado, y que se viene visibilizando en la realidad política de los estados nación.
Si revisamos las condiciones de vida de las mujeres, la pobreza afecta con mayor proporción a esta población, principalmente en niñas y adolescentes pudiendo comprobar la diferencia y desigualdad en el acceso a la educación, el alto nivel de violencia a la que son sometidas, así como también su capacidad y participación en los roles de la unidad doméstica, donde en las zonas rurales se prioriza la educación de los varones sobre las niñas, lo que genera brechas y vacíos para el rol que cumplan como madres de familia en el futuro cercano.
Por otro lado, es importante indicar que cada vez las mujeres vienen accediendo a la educación superior, principalmente en ámbitos urbanos, y a la vez han dejado de dedicarse exclusivamente al cuidado de los hijos y el hogar, para trabajar fuera de sus casas, siendo muchas de ellas jefas de hogar y principal sostén. Sin embargo, las estadísticas indican que las mujeres trabajan más y reciben menos.
La pregunta que podemos generar a partir de este ejercicio de reflexión rápido es cómo la sociedad puede mejorar las condiciones y reglas de juego en las relaciones entre varones y mujeres, pero sobre todo qué papel cumple la empresa en este asunto, tanto las grandes, medianas, pequeñas y micro.
Creemos que es transcendental, dentro de las empresas, contar con herramientas de la responsabilidad social que permitan internamente garantizar la vigencia e igualdad de derechos: desde garantizar las condiciones laborales, promover la participación igualitaria entre varones y mujeres, facilitar el desarrollo de capacidades, valorar la imagen de la mujer, promover la articulación entre la familia y la empresa visibilizando los roles como mujer, compañera, madre y líder, al igual que también con los varones.
Así también es clave que ello se traslade al ámbito externo, con propuestas de trabajo comunitario que valoren las condiciones de vida de la niñez y adolescencia, con perspectiva de género, entendiendo la diversidad y construcción de la familia, tanto en el desarrollo educativo, en las pautas de crianza sin violencia, en el acceso a la salud preventiva, y de salud sexual y reproductiva, tanto en ámbitos urbanos y rurales.
Por Save the Children
www.savethechildren.org
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